15 Oct ¡Qué complicado es alcanzar la coherencia en las ONGD! El caso de Cataluña 2017
Avisos: Este post va de comunicación y coherencia en las ONGD. No de terrorismo ni procesos de independencia, aunque ambos temas aparecen como parte del contexto. Escribo desde un plano general y como seguidor de numerosas ONGD. Este post no aplica a todas y cada una de ellas.
Empiezo.
En julio de 2005, tras los atentados de Londres, nos dieron la posibilidad en el trabajo de concentrarnos a las puertas de la oficina como señal de solidaridad con las víctimas. Una de mis compañeras me dijo que ella no saldría. Cuando le pregunté por qué, me contestó que entonces tendría que hacerlo cada día por todos los mozambiqueños que mueren a causa de la pobreza. También por las miles que lo hacen por esa misma situación en todo el mundo. Aquella mañana salí a la puerta de la oficina no muy convencido. Desde entonces, salvo en una ocasión, no he vuelto a participar en un homenaje de este tipo. Creo que Isabel tenía bastante razón.
Barcelona y Cambrils
Siempre he creído que esa postura la compartían en buena medida las organizaciones y personas dedicadas a la cooperación al desarrollo. A la vista de los últimos acontecimientos parece que equivocaba. Todo fue diferente cuando se produjeron los atentados de hace unas semanas en Barcelona y Cambrils. De repente en mis redes sociales aparecieron un destacado número de mensajes de ONGD en solidaridad con las personas afectadas. Incluso algunas páginas web y perfiles en redes sociales que visité esos días tenían en portada las imágenes que todos asociamos a los hashtag #BarcelonaAmbTu o #TotsSomBarcelona.
Me sorprendió. Es verdad que parecería raro que entidades que se dedican a trabajar con personas permanezcan impasibles ante un hecho con tan tremendas consecuencias. Pero, aún así, tengo dudas. Y las tengo por tres cuestiones principales:
La primera es que ese mismo día, por poner un ejemplo, murieron 8.000 niños a causa del hambre y las enfermedades que el hambre favorece. Ese día, y cada uno de los siguientes y muchos de los anteriores. No me llegó ningún comunicado al respecto. Me preocupan dos temas implícitos en esta diferente manera de actuar. Uno, que se refuerza que sólo salten las alarmas cuando hay violencia extrema, en la emergencia. Es decir, que asumamos que esas 8.000 muertes silenciosas son parte de nuestro día a día. Y que, por tanto, merecen mucha menor atención. Y dos, que puede parecer que las vidas sesgadas en nuestra ciudad, región o país son mucho más valiosas -y por ello hablamos más de ellas- que las de los que viven a miles de kilómetros de nuestras casas. Nada más lejos de la idea de ciudadanía global.
La segunda duda está muy relacionada con la anterior, aunque la mirada parte de otro ángulo. Por poner un ejemplo, en España mueren cada semana más de 10 trabajadores en accidente laboral. Los sindicatos achacan a cuestiones como la precariedad en el trabajo, una injusticia también. No he visto comunicados y despliegues mediáticos de las ONGD por esos trabajadores. Tampoco por los enfermos de hepatitis, las personas dependientes que fallecen sin las ayudas que les corresponden, etc. Como si esas muertes, aunque no violentas, no fueran injustas. Como si no fueran atribuibles a un funcionamiento del mundo del que el terrorismo es sólo una de sus partes. Al igual que lo es la pobreza extrema. Si nos movemos por las personas que mueren injustamente en España lo más coherente quizá fuera hacerlo por todas.
Y la tercera tiene que ver con lo político. He escuchado infinidad de veces a ONGD justificar su falta de implicación en determinadas iniciativas porque no estaban en su ámbito de especialización. Muchas no se han movilizado contra el TTIP porque el comercio internacional no era su campo de trabajo. Pese a sus más que previsibles impactos en las condiciones de vida de millones de personas. Buena parte de ellas no se han posicionado frente a la Ley Mordaza. A pesar de las más que evidentes restricciones a la movilización social, una de las dimensiones de la Educación para el Desarrollo. Algunas han participado más que tímidamente en las iniciativas de defensa de la política de cooperación. Aunque es el sustento de muchas de ellas. Y pocas se muestran contrarias a la violencia de Israel contra el pueblo palestino porque “no trabajan allí”. Pese q que la violación de los Derechos Humanos por parte de su ejército es flagrante. Sin embargo, ahí estuvieron, al pie del cañón contra el terrorismo en España pese a que muy probablemente no es un tema que pueda incluirse en su ámbito de especialización (o no lo es directamente).
Y una cuestión adicional. Más allá de que se considere o no apropiado que hicieron las ONGD en esos días, la comunicación estuvo centrada en llamamientos genéricos a la no violencia, la paz y la convivencia entre culturas y religiones. Con honrosas excepciones, pocas fueron más allá de las grandes palabras y entraron en el detalle. Pocas denunciaron el papel de España (tanto el Estado como la banca, por ejemplo) en el mercado internacional del armamento. O pusieron nombres y apellidos a aquellos que utilizaron el miedo para sus intereses políticos o mediáticos. Quizá hubiera estado bien que alguna organización dijera que borraría de su base de datos a los medios de comunicación que tienen en nómina a periodistas que se dedicaron a fomentar el odio o generar más miedo.
El 1 de octubre
A continuación, siguiendo con lo político, quiero comparar lo que pasó a finales de verano con lo que ocurrió el 1 de octubre. Y lo hago porque el escenario es el mismo -Cataluña-; porque en ambos casos hubo violencia; y porque en las dos ocasiones tanto Coordinadora de ONGD – España como Lafede.cat, que se supone representan a las entidades de cooperación en España y Cataluña, mostraron claramente sus posiciones. La diferencia es que en el caso del terrorismo las ONGD también fueron bastante activas, como he contado anteriormente, y en el caso de la violencia en las calles de la capital condal no (o mucho menos).
Pero no nos adelantemos. Antes de seguir, para evitar interferencias, intentemos abstraernos de lo que pensamos sobre la independencia de Cataluña y la unidad de España. Si lo conseguimos quizá podamos ver el 1 de octubre a un grupo de personas organizadas para demandar un cambio. Es decir, realizando un ejercicio de movilización ciudadana. Unas personas movilizadas pacíficamente que recibieron una considerable dosis de violencia. Sí, sé que algunos pensaréis que “se estaban saltando la ley”. Es cierto, pero también lo es que nada justifica la violencia y menos una de ese calibre. Una buena respuesta para los que la justifican en este caso me parece ese tuit que decía que, por esa regla de tres, la próxima vez que vayas a 140 por la autovía te podrán dar un par de porrazos.
Sigamos. Parto de la base de que los valores como el diálogo, la paz, la no violencia a los que se aludía tras los atentados de Barcelona y Cambrils forman parte del ADN de las ONGD. Es decir, que un mes después continuaban muy dentro de estas entidades. Sin embargo, muy pocas dijeron algo sobre las patadas voladoras de policías en Barcelona. Infinitamente menos que las que mostraron su repulsa a los atentados. Tampoco vi críticas a los variados ataques a la movilización ciudadana. Entre ellas destaco por encima de otras lo de las “manifestaciones tumultuarias” del ministro portavoz. Y eso que, insisto, la movilización social es una de las dimensiones de la EpD que también está (o debería estar) en el ADN de las ONGD.
No hay más que ver, en este mismo sentido, los comentarios a la noticia de la Coordinadora de ONGD – España Condenamos el uso desproporcionado de la fuerza en Cataluña y compararlo con los de Contra la violencia y el miedo, compromiso con la paz y la solidaridad de esta misma entidad. O las respuestas a los tuits que lanzó esta plataforma relacionados con ambos acontecimientos.
Para ir terminando, entiendo que los problemas de los que he hablado son muy complejos como también lo son las organizaciones de desarrollo. Quizá hubo miedos (¿qué dirán algunos de mis socios si condeno la violencia en Cataluña?, por ejemplo) u otros factores particulares de cada una. En cualquier caso, cuatro recordatorios breves:
1.- Es muy difícil ser coherente, pero hay que intentarlo.
2.- La inacción es también un posicionamiento político.
3.- Todo comunica y educa.
4.- No vendría mal revisar cualquier actuación de comunicación que hagamos desde el punto de vista de la construcción de ciudadanía antes de ponerla en marcha.
Quizá, para empezar, deberíamos preguntarnos si una muerte injusta es igual de injusta en Níger que en Badajoz; si es igual de injusto morir en un atentado que de hambre; si no mostraríamos rápidamente nuestra repulsa en caso de violencia policial o militar en los países en los que trabajamos; o si se puede gritar “tots som Barcelona” sólo cuando hay muertos pero no cuando hay palos en las calles. Con la respuesta a esas cuatro sencillas preguntas podremos reflexionar al respecto y revisar si lo que se ha hecho ante los acontecimientos de Cataluña de los últimos dos meses era lo más adecuado.
Vuestras son las conclusiones.
¿#TotsSomBarcelona solo cuando hay muertos pero no cuando hay palos en las calles? https://jorgecastaneda.es/?p=16533 Compartir en X
Terminé de escribir este post en Madrid el 15 de octubre de 2017

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