Por qué creo que tu organización no debería irse de Twitter

Numerosas organizaciones sociales están abandonando Twitter. Algunas de ellas lo han hecho este 20 de enero de 2025 coincidiendo con la llegada de Trump a la Casa Blanca. Aunque no puedo decir que esté seguro al 100%, de hecho llevo bastante tiempo dándole vueltas al tema, creo que hoy por hoy esta salida no es un acierto. Y lo pienso en base a algunas preguntas que me han ido asaltando estos días.

¿En Twitter no pero en Facebook o Instagram sí?

Si dejas Twitter, lo coherente parece que sería salir de todas las redes sociales, al menos de las más comerciales. ¿Dejamos la antigua red del pajarito pero nos quedamos en Facebook a pesar de los últimos anuncios de su propietario y después de casos como el de Cambridge Analytica? ¿Adiós a X pero seguimos publicando en Instagram cuando son numerosas las advertencias de su impacto sobre la salud mental, especialmente de las personas más jóvenes? Luego nos dirán que no somos coherentes.

¿Un rasero diferente para medios de comunicación?

Entre los motivos que se presentan para abandonar X está que prima la desinformación, la falta de respeto e incluso la violencia, etc. Los medios de comunicación tradicionales no tienen un algoritmo automático, pero tienen filtros que excluyen las noticias sobre la desigualdad o el cambio climático, tenemos experiencias sobradas en ello. Y solo hay que ver algunos informativos y periódicos para encontrar bulos y desinformación. Las tertulias de radio y televisión no es que sean un espacio de paz y sosiego. ¿Dejamos entonces de mandar nuestras notas de prensa a medios de comunicación?

¿Qué pasaría si las calles se llenan de fascistas y racistas?

Si eso ocurriera, ¿les regalamos el espacio público y nos quedamos en casa? ¿O habría que recuperar calles y plazas? Sé que no son lo mismo, las plazas son de todas y X es un negocio. Pero en el mundo en el que vivimos las redes sociales son lo más parecido al espacio público que “pisan” millones de personas. Si el activismo no hubiera entrado a lo largo de la historia en los territorios más hostiles, el mundo sería probablemente mucho peor. ¿Qué habrían hecho las y los activistas de hace unos años en este caso?

¿Más ellas y nosotras?

Después de unos cuantos años trabajando en procesos de construcción de ciudadanía activa, uno de los grandes errores que creo que hemos cometido, y que seguimos cometiendo, es el de crear un ellas y un nosotros. Los que compran comercio justo y las que no; los que van en bici al curro y los que no; las que tienen el dinero en un banco ético y las que no,… Podría pensarse que esta dicotomía es una buena estrategia y que permite atraer a gente al “lado bueno”, pero la realidad es que más bien se toma como señalamiento y levanta muros que luego es complicado derribar. ¿Añadimos también un “los de Twitter y las que no”?

¿Qué pasa con la gente que se quede?

Muy fácil, la dejamos a merced de lo que allí se mueva. Probablemente recibiendo información de calidad más que dudosa. Y sin fuentes e ideas alternativas que les permitan analizar la realidad desde otros puntos de vista. Porque seamos conscientes, en Twitter se quedará mucha gente, millones. Algunos por ideología, pero otros, por comodidad, por no romper la tradición o incluso por falta de competencias para iniciar un nuevo camino en el mundo digital. Creo que estos serán mayoritariamente a esos que llamamos “los no convencidos”, el gran reto de la la construcción de ciudadanía. ¿Descartamos atraerles? ¿Nos conformamos con interactuar con un núcleo militante en una red social alternativa? ¿No es justo eso lo que hace el algoritmo, forzar que nos juntemos con nuestros iguales? ¿Salirse no es también de alguna manera polarizar?

¿Qué pasa con las redes digitales que hemos tejido?

Inevitablemente se verán deterioradas porque algunas personas y organizaciones se quedarán en Twitter, otras se irán a Mastodon, otras a Bluesky,… Quizá les estamos poniendo en bandeja lo de “divide y vencerás”.

¿Cómo hacemos incidencia en el mundo digital a partir de ahora?

Entre esos que se queden, creo que en buena medida estarán partidos y responsables políticos. Muchas organizaciones utilizan Twitter para bombardearles con sus mensajes de incidencia política. No diré que esas acciones cambian el mundo, pero estoy convencido de que contribuyen a él. ¿Nos olvidamos entonces la posibilidad de interactuar con el presidente del Gobierno, ministras y alcaldesas?

Algunos motivos para que tu organización no se vaya de Twitter: coherencia, públicos, estrategia, red, incidencia política,... Compartir en X

Y la bola extra: ¿qué se puede hacer?

Como decía al principio, a no ser que nos vayamos de todo el ámbito informativo y digital (cosa que no tendría sentido en este mundo), creo que hay que seguir en Twitter. Aunque con seguridad hay que cambiar de estrategia:

Tendríamos que activarnos en redes alternativas como Bluesky o Mastodon. Habría que enfocarlas a un público más convencido y militante y, por tanto, con un carácter más movilizador.

La presencia en Twitter podría tener un carácter más informativo. El uso principal sería el lanzamiento de contenidos alternativos. Con ello trataríamos de activar complicidades entre un público no convencido pero al que no le suenan mal nuestros discursos sociales y ecologistas. Lo que no tendría sentido es hacer lo mismo en todas las redes, copiando y pegando publicaciones.

Habría que pensar en un plan para ver qué hacer con los “odiadores”. Parece que se quedarán en Twitter y previsiblemente estarán cada vez más activos. Aunque el escenario pinta que se va poner más oscuro, las ideas de No les des casito me parece que pueden seguir siendo útiles.

X tendrá que seguir siendo la herramienta de incidencia política digital hacia Administraciones y representantes políticos. Aunque debemos de ser conscientes de que las acciones masivas serán cada vez más difíciles si hay un trasvase de activistas hacia las redes alternativas.

Y, muy importante, seamos coherentes y dejemos de gastar dinero en publicidad en estas plataformas.

 

 

Terminé de escribir este post en Madrid el 20 de enero de 2025

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