18 Oct Matarse matando, sobre capitalismo y consumismo
Tenía pendiente desde hace bastante tiempo la lectura de Dinero, de Miguel Brieva. Me dijeron que no me dejaría indiferente y puedo confirmarlo (al menos de momento). Como ejemplo, las siguientes líneas de la introducción que hacen referencia al consumismo y a las que llevo varios días dándole vueltas:
Publicidad: invasión del espacio público por parte de los intereses privados https://jorgecastaneda.es/matarse-matando-sobre-capitalismo-y-consumismo/ Compartir en X«Un terrorista suicida es un sujeto que incurre en la antinomia lógica de matarse matando. Están por todas partes. Están también dentro de nosotros. Matarse matando es lo que hacen, sí, algunos desesperados fanáticos, algunos desesperados, algunos fanáticos, en lugares donde se vive mal por nuestra culpa. Pero ‘matarse matando’ es lo que hacemos también nosotros, sin ninguna desesperación ni fanatismo, en lugares donde se vive ciertamente mejor sin ningún mérito nuestro, y en los que el convencimiento mismo de nuestra superioridad, motor de un consumo -es decir, una destrucción desenfrenada-, instrumento de una producción -es decir, una destrucción- delirante e irracional, derrite muy deprisa los polos, seca los ríos, despeina los bosques, envenena el aire, vacía los pueblos y desnuda a los niños. ¿Cómo se convence a un hombre de que se mate matando? En Pakistán, en Afganistán, en Palestina, en Iraq, se les empuja mucho, se les da una bomba y se les promete el paraíso a cambio de su gesto. Pero, ¿cómo -cómo- se convence a las clases medias occidentales de que acometan el atentado suicida más grande de la historia? Se les persuade de que el gesto es el paraíso mismo. Para una empresa de persuasión tan descomunal hacen falta medios también descomunales: es lo que llamamos capitalismo. Hacer estallar una bomba exigiría más conciencia (aunque fuese negativa) y más valentía por nuestra parte: en su lugar, se nos dan lavadoras, hamburguesas, pantallas de plasma, coches, ordenadores, teléfonos móviles, billetes de avión, refrescos, lencería fina y chocolates belgas. Es ese gag material, placentero, cotidiano (…) llamado «mercancía», que nos arranca del mundo común y que no exige de nosotros sino que pongamos infantilmente el cuerpo. (…) Pero el gag de la mercancía no basta. hace falta también una operación de propaganda sin precedentes históricos, eso que perversamente denominamos ‘publicidad’ para describir y celebrar la invasión del espacio público por parte de los intereses privados».
Datos de la publicación
La cita pertenece a: Miguel Brieva (2010) Dinero. Random House Mondadori, Barcelona.
Terminé de escribir este post en Madrid el 18 de octubre de 2016
Pablo
Fecha 20:05h, 19 octubreMagnífico texto. Tú madre me regaló un cómic de Brieva, «Bienvenido al mundo», muy guay también!