02 Oct Banderas, patriotismo y ciudadanía activa
Hoy es un día triste. Me apetecería escribir muchas cosas. Pero no quiero salirme de los temas centrales en torno a los que gira este blog. Van, por tanto, unas líneas sobre banderas, patriotismo y ciudadanía activa.
Las escribo, que conste, desde Madrid. No sé si serían las mismas si hoy viviera en Catalunya, aunque me temo que serían parecidas.
Aunque siempre me llamaron la atención las banderas, cada vez me gustan menos. Principalmente porque cada vez más se utilizan como símbolo de exclusión del otro. Ayer, mientras iba con mis hijos a la tienda de Oxfam Intermón en Goya, en Madrid, a por nuestras provisiones mensuales de café, cacao y azúcar de comercio justo, vi a decenas de personas envueltas en sus banderas de España. Muchos llevaban la bandera incluso en polos, cinturones y llaveros. Muchas bajaban de casas en las que la bandera colgaba de balcones y ventanas. Algunos comentarios que pude oír ya apuntaban a lo que pasaría. Esta noticia de eldiario.es lo resume. Y no ha sido el único, todos hemos visto a los del «¡A por ellos!» y cánticos similares.
Cada vez me gustan menos las banderas, sobre todo cuando se utilizan para la exclusión del otro https://jorgecastaneda.es/?p=16518 Compartir en X
Desde un punto de vista de la construcción de ciudadanía la sensación de fracaso es terrible. Nada más lejos de ideas y valores como la paz, la no violencia, el diálogo, la fraternidad, la vecindad,… Y no estamos hablando de unos mínimos de empatía con personas que viven en Chad o Yemen, o con los que profesan una religión que algunos sienten extraña y que desde diferentes estamentos vinculan con terrorismo. Ni siquiera con los que viven en Catalunya, a unos cuantos cientos de kilómetros. Se señalaba a cualquiera que pudiera opinar que había que dialogar y/o que quizá la mejor solución es preguntar a la ciudadanía. Se les señalaba incluso aunque vivieran en el portal de al lado. El que ayer era vecino, hoy era enemigo.
Terrible. Y lo peor de todo es que no son unos pocos.
Más allá de esto, y volviendo las banderas, según nos cruzábamos con todas estas personas que caminaban hacia Cibeles, recordé unas líneas de La cultura del mal de Moncho Tamames que me gustaría compartir para la reflexión:
“El patriotismo de los estadounidenses está ya fuera de toda explicación racional posible. Existe todo un cóctel de fetichismo y rituales en torno a su himno y su bandera, que desborda cualquier lógica de orgullo por un país. Se canta el himno cada día en el colegio con la mano en el corazón, hay como mínimo una bandera en cada aula escolar y universitaria, hay otra bandera junto a los altares de todas las iglesias, más de una bandera por hogar (59 por ciento de las fachadas tienen una ondeando),… ¡Hay más banderas que ciudadanos! Hay eslóganes patrios en todos los documentos administrativos, en los billetes, en las monedas,… (…)
Todo esto, sencillamente, no es normal. Es un hecho probado que estas cosas ocurren sólo en dictaduras extremas. (…) Tienen muchas más banderas a la vista que símbolos y banderas nazis en las calles de la Europa del Tercer Reich. Por todo ello su patriotismo no es real, forma parte de una imagen lejana, de la adoración hacia algo más grande que tampoco saben bien lo que es…. De hecho, hay un 20 por ciento de ellos desconoce cuantas estrellas lleva su bandera, es decir, que desconocen el número de Estados que conforma su país. Todo esto, no es sino más que otra forma de fundamentalismo religioso; algo por lo que están dispuestos a morir y que en realidad el 90 por ciento de ellos desconoce profundamente. (…)
Los estadounidenses han perdido su identidad. Alardean de lo que más carecen (libertades y calidad de vida) y se repiten y refugian en un patriotismo que, además de hazmereír de buena parte del planeta, no es más que el complemento de su religiosidad”.
Datos de la publicación:
Moncho Tamames (2005) La cultura del Mal. Ediciones 2010, Madrid.
Terminé de escribir este post en Madrid el 1 de octubre de 2017

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