captación face to face

Captación face to face: un análisis más allá de la precariedad laboral

Que las personas que se dedican a la captación face to face (o al menos una parte de ellas) tienen unas condiciones laborales precarias no es ninguna novedad. Es un tema de sobra conocido del que se viene hablando desde hace bastante tiempo dentro y fuera del sector. Y sobre el que se ha escrito en varias ocasiones antes de Perdona, ¿tienes un minuto?. Léase por ejemplo Captando socios de ONG sin escrúpulos de Carlos Gómez Gil.

No es el de los derechos laborales de los que nos “asaltan” en la calle el único punto negro de esta técnica comercial, al menos desde mi punto de vista. En las siguientes líneas sumo algunas cuestiones que creo que también deberían ser consideradas por las ONG en un más que necesario replanteamiento del uso de esta vía de captación.

Uso del espacio público para actividades con un objetivo comercial

Aunque tenemos internet, la calle sigue siendo el lugar fundamental para la reivindicación de derechos. La invasión, el uso en ocasiones obsesivo del espacio público para la captación perjudica enormemente a aquellas organizaciones y colectivos que siguen apostando por salir de sus oficinas a interactuar con sus vecinos y vecinas. A aquellas que siguen creyendo que la justicia social empieza por la sensibilización y la movilización social desde las aceras de nuestros pueblos y ciudades. La captación face to face ha conseguido que se identifique ONG en la calle con petición de dinero. En la práctica esto se traduce en un sinfín de «huidas» ante acciones de información, sensibilización, recogidas de firmas, etc. En decenas de gestos y giros de cuello para evitar “que me pidan el número de cuenta”.

El face to face ha conseguido que se identifique ONG en la calle sólo con petición de dinero… Clic para tuitear

Por otra parte, cualquiera que piense que otro mundo es posible, estará de acuerdo en que la calle, la plaza, deberían ser lugares para el diálogo, el esparcimiento, el paseo, la contemplación, el descanso,… Y no espacios atiborrados de anuncios que incitan a sacar la tarjeta de crédito. La captación face to face, aunque pueda tener un objetivo “solidario”, también suma en esa consideración capitalista del espacio público como soporte publicitario. Cuántas conversaciones entre amigos, madres e hijos, novias,… cuántos pensamientos, sueños, ideas,… se habrán cortado con el “perdona, ¿tienes un minuto?” y la consiguiente invitación a la donación de unos cuantos euros con periodicidad variable.

La catástrofe como anzuelo

Uno de los temas en torno a la captación face to face de los que más se habla es la presión por llegar a los objetivos marcados. Ante esa presión, las técnicas y los discursos son lógicamente cada vez más agresivos. No hay tiempo para explicar que la pobreza es una cuestión multidimensional. Para profundizar en que acabar con ella requiere de procesos de largo plazo. El discurso se centra en la catástrofe, la crisis humanitaria, la muerte, la enfermedad,… Muchas veces descontextualizada, eso que tanto se critica desde las ONG cuando lo hacen los medios de comunicación.

También se culpabiliza al “cliente” como táctica de venta. Una chica me decía el otro día en el que paseaba con mi hija que si no me importaban las niñas como ella. O se utilizan mensajes del tipo “con X euros al mes conseguimos vacunas para X niños”. O “damos créditos a X mujeres”. Como si el problema de esos niños fuera exclusivamente la enfermedad. O el de esas mujeres la falta de acceso al crédito. Como si 10 euros fueran a solucionar algo o las múltiples caras de la pobreza no existieran. Como si nuestras pautas de consumo no tuviera nada que ver con la situación que viven esas personas. O como si las actuaciones de empresas y gobiernos fueran neutras.

Qué flaco favor a la construcción de ciudadanía activa. Cuánta distancia de la visión del socio o la socia como persona que conoce, reflexiona y se compromete a largo plazo formando parte de la base social de una organización. Qué cerca de ver al transeúnte como simple portador de una billetera.

El volumen de la audiencia

Pongamos que un captador trabaje 20 horas a la semana. Y que la interacción dure alrededor de 10 minutos por persona. Por tanto habla con unas 120 personas a la semana. Casi 500 personas al mes y más de 5.000 al año. Pensemos en que una ONG tuviera un equipo de 100 face to face repartidos por España. Estaríamos hablando de medio millón de interacciones a lo largo del año.

Los números son enormes y ese diálogo lo realizan personas con escasa formación y conocimiento de la organización. La semana pasada preparando este post estuve hablando con un antiguo jefe de equipo de captadores de una ONG. Le pregunté por la formación y me comentó que más allá de la inicial (de algunas horas) la formación era casi opcional, discrecional. Que dependía de cómo fuera el jefe de equipo o el coordinador de la zona (comunidad autónoma). Y que ésta se centraba más en técnicas comerciales y de resolución de problemas, que en lo que era el trabajo de la organización para la que trabajaban.

Sería más o menos como si te contratan en una ONG y a los tres días te mandaran a hacer una entrevista para un medio de comunicación de alcance nacional. O a dar una conferencia en una sala abarrotada. No ocurriría, te lo aseguro. Las portavocías suelen considerarse temas sensibles en las ONG y pocos, muy pocos, pueden realizarlas. Se suele asegurar hasta el extremo que las personas conozcan bien los temas, que puedan “salir” ante preguntas espinosas, etc. Del mismo modo, son contados los que pueden escribir en un medio de comunicación. O representar e la organización en charlas, conferencias o mesas redondas. Es curiosa esta doble vara de medir.

Todo comunica, hasta el saludo

En realidad el “¿tienes un minuto?” debe ser bastante poco efectivo después de tantos años de uso. La “innovación” ha llegado a la frase introductoria del face to face. Lamentablemente cada vez se escucha más el “Hola guapa”, “¿Dónde vas tan sola? ¿Quieres compañía?” o incluso, como oí hace no mucho, “Hola chicas, ¿me dejáis que me una a vosotras y hacemos un trío?”. Si mañana el dependiente de la ferretería, de la farmacia o de la frutería utilizara frases de ese estilo sería muy probablemente fulminantemente despedido. Y también con toda probabilidad dejarías de comprar en el establecimiento. No ocurre esto con las personas que se dedican a la captación face to face. De nuevo el doble rasero.

Sorprende, además, que entidades que luchan por la igualdad entre mujeres y hombres tienen entre su personal a personajes soltando frases más cercanas al rancio “piropo” machista que a la promoción de igualdad entre géneros.

La siguiente fase

Pero esto no acaba aquí. La captación face to face tiene sus versiones ampliadas. Y de vez en cuando empiezan a aparecer personas que llaman a la puerta de tu casa para “ofrecerte” la oportunidad de colaborar con un proyecto maravilloso. O te llaman por teléfono para que subas tu cuota (a la hora de la siesta o cuando estás dando de cenar a los niños). O te paran en la puerta de un hospital para aprovechar tu posible vulnerabilidad y contarte los problemas sanitarios que tienen en tal o cual país. Técnicas y mensajes que invaden tu espacio privado o que rozan lo inmoral. Tácticas que te podrías esperar de un banco o una empresa de telecomunicaciones, pero nunca de una ONG.

Termino

Soy más de la acción colectiva transformadora que de la acción individual-puntual-instrumental, aunque sé que las ONG necesitan recursos. Pero creo que la forma en la se captan es de una gran relevancia. Y la captación face to face, al menos en el formato actual, tiene bastantes puntos negros.

Quizá una línea a avanzar estuviera en un post de César Santamaría (en un blog que lamentablemente ha desaparecido). Lo leí hace mucho pero creo recordar que proponía equipos de personas en la calle con petos que dijeran “no quiero que te hagas socio” y que se pudieran parar con la gente tranquilamente a contarles los problemas del mundo, la aportación que hace a la solución la ONG y las diferentes vías de colaboración con la entidad. La aportación económica sería una más junto apoyo a la incidencia, voluntariado, activismo on-line, compra de comercio justo, etc. Posteriormente dejaría a la persona con la que ha hablado un correo electrónico o cualquier otra vía de contacto para que dicha persona pudiera plantear dudas o transmitir qué decisión sobre una posible colaboración hubiera tomado (César, si lees esto, corrige o amplia, por favor).

Puede que no sea la opción perfecta. Pero al menos sería un importante avance en la superación de varios de los puntos negativos que tiene para mi la captación face to face.

 
 
 

Terminé de escribir este post en El Bosque (Cádiz) el 31 de julio de 2017

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