Nicaragua como minimísimo al oído

Nicaragua como minimísimo al oído

Hace unos días hablaba con unos amigos que colaboran con una ONGD española que tiene proyectos en Nicaragua. Comentaban sobre la falta de información que esta organización estaba ofreciendo sobre la situación del país. También que echaban de menos un posicionamiento sobre lo que allí está ocurriendo en los últimos meses.

Tema de los espinosos. Tan espinoso que lo que leeréis a continuación no es la versión original del post. Después de hablar con una amiga nicaragüense, he modificado o matizado algunas ideas, cosa que no suelo hacer habitualmente.

Vamos con el tema.

Desde que se inició el conflicto mi sensación -no certeza- iba en la misma línea que la de mis amigos. Salvo excepciones, escasa presencia del país centroamericano en las comunicaciones de las ONGD españolas.

Para salir de dudas he investigado un poco. Según el último informe del sector de la Coordinadora de ONGD – España hay 31 entidades que trabajan en Nicaragua. Me he pasado por la sección de noticias de sus páginas web y por sus perfiles de Facebook. Y he podido ver que, durante el mes de julio, sólo 3 y 8 organizaciones respectivamente escribieron sobre el tema. El 10% en su web y el 26% en Facebook.

Confirmado. Escasa presencia, al menos en el último mes (por si alguien lo piensa no es que la situación haya mejorado mucho en los últimos 30 días).

Nicaragua no es un país cualquiera. Es una de las estrellas de nuestra cooperación, tanto de la gubernamental como de la no gubernamental. La relación de las ONGD españolas con el país centroamericano es intensa y larga, de varias décadas en muchos casos. Incluso algunas organizaciones surgieron del interés por cooperar con este pequeño país.

Siendo tan relevante, llama la atención que, ante la escalada de violencia y las decenas de muertos, el tema tenga una presencia tan escasa en los canales de comunicación de estas entidades. De hecho, el otro día leía un artículo de Boaventura de Sousa Santos y sorprende que no se haya dicho nada antes de que saltara todo por los aires. Que no se denunciara de alguna manera la deriva del Gobierno de Ortega.

¿Por qué no hablan mucho de esto las ONGD españolas? Difícil de decir. Como cualquier conflicto de este tipo se trata de un tema complejo; con múltiples aristas; información que llega sesgada; intereses de todo tipo; sin olvidar que Ortega fue uno de los destacados de la Revolución Sandinista con lo que todo eso conlleva, incluso sentimentalmente, para muchas personas y entidades.

Pero el caso es que se manejan cifras de más de 300 muertos. Y que parece que no hay ninguna duda de que -directa o indirectamente- el Estado se encuentra detrás de buena parte de ellas. 

¿Por qué las ONGD españolas comunican tan poco sobre lo que pasa en Nicaragua? Clic para tuitear

Entonces -vuelvo a la pregunta-, ¿por qué no hablan mucho de esto las ONGD españolas? La respuesta inmediata -no por ello menos cierta- apunta a su aversión a todo lo que tiene que ver con política, a decir las cosas como son y a denunciar a los culpables. Es mucho menos polémico pedir medidas porque la gente del corredor seco lo está pasando mal por el cambio climático -cuya responsabilidad es difusa- que decir directamente que personas armadas por el Estado matan a población civil sólo por protestar. 

A bote pronto me viene a la mente esa frase que tango me gusta: la inacción es también un posicionamiento político. Sin que deje de ser verdad, me parece que en esta ocasión el análisis, como os decía, tiene que ir más allá. Seguro que hay otras causas. Muy probablemente entre ellas destaquen las que están relacionadas con las posibles represalias. Hacia los equipos de las ONGD y/o de sus contrapartes -que se pueda poner en peligro la integridad física o incluso la vida de personas que trabajan para estas organizaciones- o hacia las propias organizaciones que pudieran encontrarse con trabas más o menos evidentes e intensas para seguir haciendo su trabajo. De hecho una amiga nicaragüense me decía que había contrapartes que habían pedido a las ONGD españolas que se mantengan en silencio por lo que pueda pasar.

Evidentemente esto lo complica todo. No creo que en ninguna de ellas quieran ver a uno de sus compañeros o compañeras recibiendo alguna visita desagradable en su casa o un encuentro desafortunado en alguna esquina de su localidad.

Difícil papel, sin duda. Entonces, ¿hay que callarse o gritar? Ni idea. Aunque el silencio es totamlente comprensible, siguen asaltándome preguntas. Por ejemplo las siguientes:

¿El silencio internacional protege o contribuye a la impunidad?

¿Podemos alzar la voz por determinados activistas en España u otros lugares “seguros” y no hacerlo por Doña Francisca Ramírez?

¿Tener que dejar un proyecto a medias en el país es suficiente razón para no decir nada sobre lo que allí ocurre?

¿Es aceptable seguir comunicando sobre los proyectos en Nicaragua como si no pasara nada en el país? ¿Cómo si la zona de intervención fuera una isla ajena a todo?

¿Se puede denunciar que en Nicaragua el Derecho a la Salud, por poner un ejemplo, está siendo vulnerado y quedarse callado ante claros atentados contra el Derecho a la Vida?

¿Es todo blanco o negro? ¿En vez de optar por el silencio total no se podría compartir cierta información sobre lo que ocurre? ¿Es igual de peligroso darle caña a Ortega que trasladar al menos datos de lo que ocurre en el país?

¿Qué pasa con las ONGD y contrapartes -especialmente su personal- que sí se están posicionando? ¿Las dejamos solas?

¿Qué pasará si cae Ortega? ¿Las ONGD que no dijeron nada lo celebrarán y se congratularán del fin del conflicto?

Ojalá alguien de estas organizaciones responda a estas preguntas como comentario en este post. Me encantaría saber cuál es el mejor camino.

Continuo.

Como digo los riesgos son evidentes por lo que se pueden entender determinadas posiciones. Lo que seguro no comparto -y vuelvo al caso de mis amigos del principio del post- es que no se diga nada a la base social en clave interna.

No sé si es un caso aislado o ha sido generalizado entre esta treintena de organizaciones. Por si es lo segundo, ahí va mi recomendación para el que la quiera leer: creo que cualquier ONGD que trabaje en Nicaragua debería, al menos a través de canales de comunicación interna -boletines, notas informativas, reuniones,…-, explicar a su base social qué piensa de lo que ocurre en el país. Me parece que es lo mínimo si el objetivo es tener una base social informada, activa y comprometida.

Por supuesto, animo a personas voluntarias y socias de las ONGD españolas que trabajan en Nicaragua a demandar esta información si su organización varios meses después del inicio del conflicto no ha dicho nada. Seguro que no es cómodo, pero decir que queremos saber también es responsable.

Y, por supuesto, ante el riesgo al que se enfrentan los y las nicaragüenses, nuestro papel como personas comprometidas con los Derechos Humanos es informarnos, difundir información y estar atentos a las acciones que se puedan organizar para contribuir al fin de la violencia en el país. Si tu organización cree que no debe decir nada, a título individual tú puedes contar mucho.

 

Terminé de escribir este post en El Bosque el 5 de agosto de 2018

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