ciudadanía activa en la Universidad

Aprendizajes de casi diez años de construcción de ciudadanía activa en la Universidad

Una de las cosas más interesantes de mi paso por ONGAWA fue el trabajo en la Universidad. Como consultor he seguido vinculado a esa etapa de la educación, especialmente con el curso Movilízate. Diseño de campañas para la transformación social de la Universidad de Granada (que ya va por su tercera edición). También con algunos otros proyectos en los que estoy trabajando para este curso escolar 2018-2019. Ya los compartiré en el espacio En Movimiento de la web.

Durante mis casi diez años de experiencia en ese ámbito creo que he aprendido algunas cosas que puede que sean de interés para entidades y colectivos que se quieran embarcar o ya estén embarcadas en la aventura de la Educación para el Desarrollo y la construcción de ciudadanía en la Universidad. Me centraré en el activismo y las campañas que son mi especialidad. Aunque tengo que decir que es imposible separarlos de lo que ocurre en el aula (y la cafetería). Como todo en la vida, en la Universidad tampoco hay compartimentos estancos.

Os resumo a continuación algunas de las más relevantes.

La implicación institucional es clave

La diferencia entre una Universidad con una oficina de solidaridad activa y con recursos y una que no la tiene es abismal. La presencia de los temas sociales en el día a día de la Universidad facilita enormemente cualquier actividad o acción que se vaya a realizar.

El profesorado como agente motivador

Cualquiera que haya pasado por la Universidad (o por cualquier otra etapa educativa) seguro que recuerda a un profesor o profesora que le ha marcado de alguna manera. Ideas, valores, el interés por diferentes puntos de vista, el sentido crítico,… que son elementos clave para la construcción de ciudadanía activa, pueden activarse (o no) por la acción (o inacción) del profesorado. Y no sólo en el aula. Una recomendación, compartir un libro o artículo, una charla informal,… pueden ser tan o más efectivas que las horas correspondientes a 6 créditos.

Sin embargo, el mejor agente de cambio es el propio alumnado

En un post anterior hacía referencia al libro “Cambio en el corazón”. Nick Cooney, su autor, habla de la identidad como un factor muy relevante para la capacidad de influencia. Parece ser que las personas escuchamos, confiamos y, por tanto, creemos más a nuestros semejantes. Mi experiencia en la Universidad confirma esta tesis. Una acción suele ser más impactante si está organizada por el propio alumnado que si lo es por un colectivo “externo”, por ejemplo, un grupo de técnicos de una ONGD. Por tanto, si queremos construir ciudadanía activa en la Universidad el mejor plan es generar interés y capacidades para que el propio alumnado haga de agente de sensibilización y movilización social.

Los y las jóvenes no pasan

O al menos no en un porcentaje más significativo que en el resto de la sociedad. Como en cualquier franja de edad hay personas muy, muy comprometidas y otras que no lo están. Como en el resto de la sociedad el reto es romper la barrera de la indiferencia.

Claves para la construcción de ciudadanía activa en la Universidad Clic para tuitear

Quieren decidir (eso del empoderamiento que tanto le gusta a tu ONGD también aplica a la Universidad)

Si tu organización llega a la Universidad y le dice a un grupo de estudiantes, “venga que hay una agencia de comunicación que me ha fabricado esta campaña y hay que ponerse esta camiseta, aprenderse este argumentario y salir a repartir estos folletos entre las 12:00 y las 13:00 en tal facultad” se está equivocando. Probablemente ni salga bien, ni los participantes vuelvan a repetir experiencia. Hay que darles espacio para que diseñen, decidan y acierten (o se equivoquen). Los y las jóvenes quieren ser protagonistas. No hay nada más motivador que el éxito ganado a pulso. Y poco es tan efectivo en términos de construcción de ciudadanía que diseñar, ejecutar y evaluar una campaña con un grupo de compañeros y compañeras de aula.

Déjate de chapas

Cinco horas de charla sobre los impactos del plástico en el medio ambiente no les va a convertir en activistas del consumo responsable. Ya están hartos de horas y horas lectivas. Ofréceles tres datos impactantes y espacio para que piensen qué se puede hacer. Si necesitan más información ya sacarán el móvil o preguntarán. Como mucho, pásales una batería de herramientas y déjales que hagan el resto. Creo que este es uno de los aciertos del curso Movilízate. Diseño de campañas para la transformación social. Se basa mucho más en compartir buenas ideas, recursos y reflexiones que en enseñar una teoría sobre cómo se hacen las cosas. Laura del Pino del CICODE de la UGR tiene mucho que ver en la incorporación de este enfoque en este curso. Sin duda fue un lujo diseñarlo con ella.

Creatividad sin límites

Si no pones ningún coto a su imaginación (o muy pocos) saldrán cosas tan interesantes como La polvarea o Movilízate pro refugiados. Atrévete a darles carta blanca.

A la ilusión, ni tocarla

Algunos dicen que es la típica ingenuidad de juventud, pues bendita ingenuidad. Un grupo de jóvenes que creen que son capaces de cambiar el mundo desde su Universidad con un puñado de rotuladores y un rollo de papel continuo tiene un potencial transformador impresionante. No llegues tú diciéndoles que lo máximo que van a hacer es convencer a diez compañeros y que eso ya es mucho. No les vengas con que el problema es muy complejo y que otros llevan años luchando contra él y no lo han conseguido solucionar. Anímales porque realmente podrían cambiar el mundo.

Los palabros de ONGD sobran

Tenemos tan interiorizada la jerga de ONGD que, aunque no queramos, acabamos utilizando ese lenguaje farragoso que tanto necesitamos cambiar. Aunque soy de los muy pesados con el tema, caigo a menudo en el vicio. Podéis comprobarlo en estas líneas de un post de Rosa, una de las alumnas del curso Movilízate de la UGR: “Si me preguntáis en qué consistía el curso, podría deciros que en aprender a poner en marcha campañas dirigidas a desarrollar un cambio activo en el destinatario en base al objetivo de la propia campaña. La misma jerga complicada de la cooperación del desarrollo. Vamos, que es lo mismo que no decir nada”. Resumiendo: hay que hablar claro.

Cuanto menos institucional mejor

¿Por qué tenemos que poner el logo de tal administración pública en el folleto? ¿Y esta frase sobre la responsabilidad de los contenidos que estamos compartiendo en Twitter? ¿Por qué mejor colores azules como el logo de tu ONG si al tema que estamos tratando creemos que le pega el verde? Son preguntas que te puedes encontrar cuando trabajas con universitarios y universitarias. No es fácil para las ONGD, pero lo ideal sería poder trabajar con fondos que supongan los menores condicionantes posibles.

Difumina el aquí y allí, el Norte y el Sur

El rollito “mi ONGD no se puede meter en este tema que ocurre en España porque somos una organización que se ocupa de la solidaridad internacional” no lo entiende nadie. Tampoco la gente que va a la Universidad. La prostitución forma parte del sistema global machista. Y la contaminación de la vega de Granada es resultado de un sistema de movilidad que pasa del medio ambiente. Lo mismo que pasa en Nairobi por poner un ejemplo. Si quieres que tu proyecto en la Universidad tenga éxito te recomiendo que asumas que el mundo, y sus problemas, son uno solo.

Sobre todo escúchales

Si no lo haces, por poner un ejemplo, les contarás que Facebook es la red social más extendida y que, por tanto, si quieren tener una estrategia digital en sus campañas deberían empezar por ahí. A esto te responderán, sobre todo si son de los primeros cursos, que Facebook “es de padres y madres” y que su red es Instagram. Y en un segundo te habrán dado una lección sobre la definición y caracterización del público objetivo que no olvidarás en tu vida. Mucho oído, diálogo y humildad.

 
 
 

Terminé de escribir este post en Madrid el 5 de septiembre de 2018

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