Internacionalismo

Nacionalidad vs internacionalismo (o humanidad)

En las últimas semanas he escrito alguna cosa sobre banderas, patriotismo y ciudadanía activa. Las siguientes líneas de El Hambre de Martín Caparrós van en esa línea, en defensa del internacionalismo:

“Ocuparse del hambre necesita cierta idea -débil- de internacionalismo o, mejor, de humanidad: postular que todos los hombres deberíamos ocuparnos de que todos los hombres tengan comida suficiente. Si no fuera así, ¿en nombre de qué nos preocuparíamos por la desgracia de abisinios, kazajos, bengalíes?

Es un concepto extraordinario, un gran avance conceptual que no se concretó todavía en la práctica social. Puede que se extienda, que vuelva a crecer. Por ahora el grado de ‘humanidad’ existente alcanza para lo que hay: declaraciones, lagrimitas, lágrimas de cocodrilo, ayudas, salvatajes. La humanidad como manera de culpa. Alcanza para mandar bolsas de granos; no para privarse de ganar mucha plata. No para buscar el fin real del problema.

No para ponerlo en el mismo plano que las dificultades de los más cercanos: de los compatriotas.

Los países no son sólo una tontería; son una canallada. Son el mecanismo por el cual unas estructuras que llamamos Estados consiguen que sus súbditos tengan, en general, más que los de otras estructuras semejantes. Y consiguen, por supuesto, al mismo tiempo, que algunos de sus súbditos tengan mucho más que los demás.

No hay nada más resignado que pensar el mundo en términos de países -y pensar, por lo tanto, en el propio país más que en el resto. No hay ninguna razón para pensar que los países, esos inventos recientes que en algunos casos tienen 200 años, en otros 500, en otros 50, son la forma en que el mundo ‘debe’ organizarse.

La nacionalidad es una reducción de la humanidad: una legitimación de cierto egoísmo. Si se acepta que tengo que ser más solidario con el grupo de los que tienen el mismo documento que yo, el principio de exclusión ya está sentado. Quién excluye a los de otro país puede, por el mismo procedimiento, excluir sin mucha dificultad a los de otra provincia, otra religión, otra elección sexual, otra raza, otras nociones sobre el consumo de gaseosas en el desayuno”.

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Datos de la publicación:

Martín Caparrós (2014) El Hambre. Anagrama, Barcelona

 

 

Terminé de escribir este post en Madrid el 22 de noviembre de 2017

2 Comentarios
  • Marta Santafé
    Fecha 17:35h, 26 noviembre Responder

    Hola Jorge, te sigo con mucho interés. Muy valiente tu post. No se puede decir más claro. Me temo que vamos en la dirección contraria……

    • Jorge Castañeda Pastor
      Fecha 10:11h, 27 noviembre Responder

      Hola Marta. Gracias por tu comentario. Sí, parece que las banderas y fronteras están más de moda que el internacionalismo, pero aquí estamos para intentar cambiarlo, ¿no?

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