panorámica sobre la Educación para la Ciudadanía Global

Una panorámica sobre la Educación para la Ciudadanía Global

Soy de los que piensa que hay que ser realista en el diagnóstico y soñar para definir nuestros objetivos. Desde esa visión, como contaba en la pasada Jornada “La Educación para el Desarrollo y la Ciudadanía Global como eje transformador” de la Red de ONGD de Madrid, la realidad nos muestra un mundo manifiestamente mejorable. También que la situación es mayoritariamente responsabilidad de las personas y, por tanto, la solución también está en ellas. Aparece aquí, por primera vez la Educación para la Ciudadanía Global como vía para transformar esa realidad hacia un mundo mejor.

Pese a que no tengo duda de que la solución está en nosotros y nosotras, tampoco puedo negar que me surgen dudas. Por poner un ejemplo, si estuviéramos donde queremos, no habría un protocolo anticontaminación en Madrid. Si la región estuviera llena de ciudadanos y ciudadanas activos y comprometidos con la justicia global muy probablemente todos iríamos andando, en bicicleta o en transporte público. Como mal menor, cuando se activa el protocolo todos dejaríamos el coche en casa. La realidad es que, según palabras de Inés Sabanés, concejala de medio ambiente y movilidad, el protocolo sólo supuso una mínima reducción del tráfico rodado.

A ello hay que unir otro elemento como parte del diagnóstico: la urgencia. Cada vez hay más estudios científicos que hablan de colapso civilizatorio como uno de los escenarios posibles a partir de mediados de este siglo. Es decir, que parece que en vez de ser la primera generación que puede acabar con la pobreza como decían las ONGD hace unos años, es probable que seamos la última (o la penúltima o la antepenúltima) que pueda frenar la que se avecina.

Escribía Fernando Cembranos de Ecologistas en Acción hace unos días que “Tal vez la generación actual tiene ante sí uno de los mayores retos que jamás ha existido: cambiar las reglas del juego para poder seguir existiendo sobre la faz de la tierra y con dignidad y justicia”.

Ante este escenario, me reafirmo en mi visión de la Educación para la Ciudadanía Global como algo imprescindible. Aunque necesita algunas mejoras que refuercen su capacidad de transformación. Necesitamos:

1.- Una Educación para la Ciudadanía Global como mínimo de 5ª generación

Desde hace algún tiempo hemos empezado a hablar de una sexta generación en la Educación para el Desarrollo. La investigación y el discurso, por tanto, no han parado de avanzar. El problema es que las prácticas van bastante por detrás de ese discurso. Y todavía se pueden ver, incluso entre las ONGD, iniciativas con un claro enfoque caritativo – asistencial. Un primer objetivo sería, por tanto, avanzar hacia, como mínimo, una Educación para el Desarrollo de 5ª generación.

2. Una Educación para la Ciudadanía Global con recursos

La convocatoria de Educación para el Desarrollo de 2017 de la Comunidad de Madrid está dotada con un total de 28.250€. Si dividimos esa cantidad por los habitantes de la región obtenemos un gasto de menos de medio céntimo per cápita. Por su parte, la resolución parcial de la AECID recoge un total a conceder de 777.631€. Divididos por el total de habitantes de nuestro país nos da un gasto de dos céntimos por persona.

Los números en términos absolutos ya nos dan una dimensión del escaso esfuerzo de estas administraciones en la Educación para la Ciudadanía Global. Pero si los miramos en términos relativos, comparados por ejemplo con el gasto publicitario en España, obtendremos una visión que sólo puede caracterizarse de desoladora.

En 2016 la inversión publicitaria en nuestro país fue de más de 12.000 millones de euros. Esto se traduce en alrededor de 3.000 impactos publicitarios al día por habitante. La gran mayoría de esos impactos no tienen ningún enfoque transformador. Más bien apuntan a lo contrario: consume más, piensa sólo en ti mismo, etc.

La comparación es de tales dimensiones que ni siquiera podríamos hablar de David contra Goliat. Dada la diferencia de capacidades, no es de extrañar la situación de la que hablaba al inicio de este post.

Pero no es sólo un tema de administraciones. También las cifras de las ONGD muestran signos que nos deberían hacer reflexionar. Si analizamos las cifras del Informe del sector de la Coordinadora de ONGD – España, podemos ver lo siguiente:

En 2015 las ONGD de esta plataforma destinaron 28 millones a EpD (cantidad similar a 2006). Muy lejos de los 40 millones de 2009.

Si lo miramos en porcentaje sobre el gasto total, la EpD en 2015 no llega al 5%. Es la segunda cifra más baja de toda la serie, sólo superada por 2006.

Un tercio de las ONGD no destinaron nada a EpD en 2015. Y varias de ellas nada en los 10 años analizados (2006 – 2015).

Y, lo que quizá es más definitivo, si comparamos los datos de EpD con la obtención de recursos vemos que, aunque ambos eran muy similares en inversión total en 2006 (alrededor de 27 millones), en 2015 se destinaron 28 a EpD y 38 a obtención de recursos. Si lo miramos en porcentaje sobre el gasto total, también eran muy similares en 2006 (en torno al 5%) pero dicho porcentaje se mantiene para la EpD y pasa a ser casi el 7% en el caso de la obtención de recursos.

Por tanto, también una llamada de atención sobre las prioridades de las ONGD. Especialmente si tenemos en cuenta que numerosos mensajes de captación tienen muy poco de transformadores.

3.- Una Educación para la Ciudadanía Global también hacia dentro

Las ONGD deberían pensar en su base social como avanzadilla en su objetivo de transformación. Es necesario trabajar en esta línea con el voluntariado y las personas socias. En este tema también hay mucho camino por recorrer. Por ejemplo, en el estudio El voluntariado transforma si sabemos cómo de ONGAWA se concluye que sólo un tercio de las ONGD analizadas tiene un enfoque transformador relevante. Y que otro tercio tiene un enfoque instrumental.

4.- Una Educación para la Ciudadanía Global con gancho

Uno de los temas que están identificados en el ámbito social es la necesidad de construir un relato que haga llegar el mensaje a la ciudadanía. Sobre ello he escrito en otros post en esta página web y también en el blog de Las Perogrullas. Lo que es evidente es que mensajes del tipo “Quiero que seas un ciudadano global, activo, empoderado que contribuya a transformar el mundo hacia un lugar en el que predominen modelos de desarrollo justos e inclusivos” difícilmente pueden competir con “Compra este producto que te hará feliz”.

5.- Una Educación para la Ciudadanía Global con equilibrio en sus dimensiones y ámbitos

Aunque no hay datos, un acercamiento al sector de las ONGD evidencia un claro predominio de lo formal sobre lo informal en cuanto a los ámbitos.  Y de la sensibilización sobre la movilización social en cuanto a las dimensiones. En recursos destinados, pero también en cuanto a desarrollo metodológico, investigación y análisis, medición de impacto, etc.

Si queremos lograr una transformación real parece imprescindible un mayor equilibrio en los ámbitos. Por otra parte, dado que necesitamos personas que actúen, no sólo que estén informadas, deberíamos reforzar la movilización social en cuanto a las dimensiones.

6.- Una Educación para la Ciudadanía Global política

Necesitamos una Educación para la Ciudadanía Global política por tres motivos:

Para entender las aristas de cualquier problema. Si volvemos al caso del protocolo anticontaminación de Madrid veremos que su escaso éxito no es sólo que haya desinterés por parte de la ciudadanía. También forman parte del problema el modelo de ciudad y región, que son decisiones políticas; que España es el tercer país del mundo en kilómetros de autovía, que también es una decisión política; o que seamos los novenos en cuanto a producción de automóviles, que también lo es.

Porque sin política no entenderemos las causas ni encontraremos a los responsables. El sistema es especialista en utilizar el lenguaje para esconder problemas y quiénes están detrás de ellos. Oiremos hablar sobre las “externalidades negativas derivadas de la búsqueda de inversión de los capitales en los mercados de materias primas alimentarias”, lo que traducido es que la especulación de alimentos provoca hambre. Detrás del problema no están los impersonales “mercados”. Están los bancos y sus consejos de administración con fondos de inversión que especulan con alimentos. Y, por supuesto, todos los que guardan sus ahorros en esos bancos, legitimando sus actuaciones.

Porque sin voluntad política no se alcanzarán las soluciones. Un problema como el del hambre, por ejemplo, que requiere de 30.000 millones de dólares no podrá ser solucionado en su totalidad por ONGD. Ese volumen de fondos sólo podrá salir de los estados. Y ninguno de ellos hará esa inversión sin voluntad política generada por una ciudadanía movilizada.

7.- Una Educación para la Ciudadanía Global con múltiples actores y que tienda al 365 días / 24 horas

Para conseguir transformar la sociedad se necesita mucho más que a las ONGD. Son necesarios centros educativos, familias, medios de comunicación, asociaciones de vecinos, etc. Y, además, es necesario que no se queden en la acción puntual. Hace falta caminar hacia la coherencia, aunque sea complicado. Por ejemplo:

Hacen falta colegios que abran las puertas a las ONGD. Pero también que expliquen en geografía que la pobreza no se debe en exclusiva a las corruptelas de los gobiernos africanos.

Necesitamos ayuntamientos con convocatorias de cooperación. Pero que no inunden sus marquesinas y autobuses de anuncios que sólo promueven el consumismo.

Son necesarios medios de comunicación que hablen de la situación del mundo. Pero también que eviten contratar a columnistas que siembran el odio hacia los inmigrantes.

Conclusión

Por tanto, resumiendo, necesitamos Educación para la Ciudadanía Global, por supuesto. Pero hace falta que sea al menos de 5ª generación, con recursos, hacia dentro y hacia fuera de las organizaciones, atractiva, equilibrada, política y de todas y todos.

7 recomendaciones para avanzar hacia una Educación para la Ciudadanía Global transformadora Clic para tuitear

 

Terminé de escribir este post en Madrid el 4 de diciembre de 2017

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