perdiendo el tren de la ciudadanía

¿Están las ONGD perdiendo el tren de la ciudadanía?

¿Están las ONGD perdiendo el tren de la ciudadanía? Difícil pregunta. Complicado generalizar para un sector tan heterogéneo. No sabría decir con exactitud. Sí que puedo decir que desde mi punto de vista la cosa no va bien. No sé si diría que lo están perdiendo, pero sí que el sector en general no va en la máquina. Viaja en los vagones (algunas en los de cola).

De este tema estuve hablando el otro día en el Taller de campañas – Incidencia social y movilización en el trabajo de las ONGD que organizó el Grupo de Movilización Social de la Coordinadora de ONGD y al que me invitaron a participar. Compartí con los y las asistentes seis grandes cuestiones que me llevan a la conclusión del párrafo anterior. Las desgrano a continuación.

 

Un proceso de profesionalización que se ha olvidado de cosas importantes

En los últimos 15-20 años ha habido una intensa profesionalización entre las ONGD. Una buena noticia, sin duda. Sin embargo, el proceso no ha tenido muy en cuenta algunas cuestiones relevantes que se han quedado por el camino. Cuatro en concreto:

La “humanidad”: Las ONGD nacieron, casi siempre, como espacios en los que el intercambio personal era vital. Pero con este proceso de profesionalización han ido cambiando. Ahora, tanto los lugares como las dinámicas de trabajo podrían ser las de cualquier otra entidad sin tinte social. Una consultora por ejemplo. E incluso la relación con su base social no dista mucho de la que tiene, por ejemplo, una compañía eléctrica con su clientela. Evidentemente esto supone un problema para todo lo relacionado con la movilización social, que tiene como una de sus claves a las relaciones humanas.

Crecer, pensar y avanzar en materia de transformación social: en ese proceso de profesionalización se han incorporado numerosos perfiles técnicos con formación y conocimientos bastante más orientados a la gestión -contables, ingenieras,…- que a la transformación social. Y se han hecho grandes avances (con inversiones para ello) en gestión de proyectos y de las organizaciones en general, y mucho menos en todo lo que está relacionado con las campañas y la incidencia. Prueba de ello es que las ONGD siguen teniendo importantes déficit en identificación, seguimiento y monitoreo, definición de públicos, evaluación,… en relación a su trabajo en España.

Las palabras sencillas: Con la profesionalización llegaron los discursos técnicos, incomprensibles para el gran público. Sobre ellos he escrito varias veces por aquí.

La pancarta, que cambiaron por la corbata. En el trabajo de incidencia es importante y productivo tener espacios de interlocución de alto nivel. Unos espacios que se han ganado especialmente en esta etapa. Pero en bastantes ocasiones tenerlos ha supuesto el abandono de la calle y, por tanto, de la conexión con la ciudadanía.

Con la profesionalización las ONGD se han dejado atrás cosas clave para la construcción de ciudadanía Clic para tuitear

 

El creciente protagonismo del marketing para captar

La captación de recursos es cada vez más protagonista entre las ONGD. Como decía en otro lado, el sorpasso de la obtención de recursos a la Educación para el Desarrollo se produjo ya hace unos años. Esto es crítico, ya que la propuesta que hacen las ONGD a la ciudadanía -recordemos que captación y EpD comparten público y canales- ha girado hacia la donación en detrimento de la transformación. Y no sólo en lo cuantitativo, también en lo cualitativo. Destaco en este sentido cuatro cuestiones:

Uso habitual de mensajes del tipo “Con X€ haremos tal cosa”. Mensajes que llevan implícita la idea de que con ese dinero la ONGD solucionará el problema por lo que la persona donante se puede quedar tranquilamente sentada en el sofá.

La apropiación de la calle, especialmente por los face to face. Es decir, la calle, la plaza, el lugar tradicional de reivindicación de derechos, ha pasado a ser el lugar de la transacción económica donante – ONGD, con el más que evidente perjuicio para las organizaciones que siguen haciendo movilización social en la calle. Por aquí tenéis un post sobre el tema.

La apropiación de las palabras. Actúa, muévete, participa,…, palabras que tradicionalmente se han asociado a la movilización social y la participación, ahora se utilizan para obtener donaciones, centrando lo que pueden hacer las personas en el dinero.

El incumplimiento -demasiado habitual en el caso de algunas organizaciones- del Código de Conducta sobre el uso de imágenes de la Coordinadora de ONGD – España, teóricamente de obligado cumplimiento.

 

La aversión a la política

La movilización social es política, pero la política no gusta a las ONGD. Casi siempre aparecen como motivos para “no meterse en política” las posibles consecuencias que pueda tener en todo aquello relacionado con los recursos económicos: enfadar al financiador, que la base social no lo entienda,…

Ante esta situación, el trabajo de Educación para el Desarrollo se ha centrado en la sensibilización amable que diría Chema Vera. Esa sensibilización que no exige responsabilidades, que no apunta a culpables, que se centra en el problema y sus consecuencias y que explica causas sin decir nombres y apellidos. Un dato para ilustrar esto que digo: según cifras de la Coordinadora de ONGD – España, el 97% de sus entidades hace sensibilización y sólo el 59% incidencia política y el 53% -la mitad- movilización social.

 

Mucho discurso para dejarlo todo igual

En los últimos años he participado activamente en dos encuentros del sector de las ONGD. En ellos, entre los temas estrella han estado la base social, la participación ciudadana y la comunicación para el cambio social. Hay publicaciones para aquellas personas que quieran ver qué se dijo exactamente. Pero podemos resumirlas en que el sector necesitaba dar mayor valor y voz a su base social; ser más activos en cuestiones de participación ciudadana, incluyendo la conexión con movimientos sociales; y fomentar la comunicación para el cambio social con la idea de ser entidades promotoras de procesos de transformación.

Ese fue el discurso de dos encuentros que tuvieron lugar en 2009 y 2011. Frente a las interesantes palabras los hechos no lo han sido tanto (al menos desde el punto de vista de la construcción de ciudadanía):

La relación con los socios y socias sigue siendo escasa, centrada en el dinero. Socios hucha dicen algunos.

Existe una considerable crisis de participación interna: progresiva reducción en la participación en los órganos de decisión y discusión internos y falta de renovación -y por tanto envejecimiento- entre las personas más activas de las organizaciones. Fotos de asambleas de 20 personas son cada vez más habituales.

Escasa promoción de un voluntariado transformador. Según un estudio de ONGAWA, sólo un tercio de las organizaciones analizadas tenían un voluntariado con estas características. Y otro tercio un voluntariado que podríamos calificar como centrado exclusivamente en la tarea.

Escaso valor, incluso cuestionamiento a nivel interno, de todo lo que tiene que ver con la Educación para el Desarrollo, la sensibilización, la movilización social o la incidencia.

 

La presión del corto plazo

Cualquier cambio a nivel social que se pretenda no se va a conseguir ni hoy ni mañana. Es una cuestión a largo plazo. Sin embargo, en las ONGD existen importantes presiones para conseguir -o al menos justificar- resultados inmediatos, a corto plazo. Las presiones vienen principalmente de los organismos financiadores. También a nivel interno, especialmente de aquellos que mencionábamos más arriba que todavía cuestionan los impactos del trabajo de construcción de ciudadanía. Como consecuencias tenemos dos principalmente:

Se piensa y se trabaja más en actividades que en procesos. Es difícil, por ello, que puedan ponerse los objetivos reales de transformación en el centro de las intervenciones.

El trabajo de movilización social en la calle ha ido perdiendo peso en favor de internet. No es una crítica a lo digital. Digo que on-line y off-line deberían ser complementarios. Pero la realidad es que esa presión ha contribuido a que, en parte, el primero sustituya al segundo. Porque no olvidemos que es infinitamente más fácil lograr un millón de impresiones en Twitter que lograr que 1.000 personas salgan a la calle.

 

Relaciones con terceros manifiestamente mejorables

La movilización social y las campañas no son exclusivas de las ONGD. Numerosas entidades, colectivos y movimientos las utilizan para alcanzar sus objetivos. Muchas veces con bastantes mejores resultados que los conseguidos por las entidades de cooperación.

La lógica dice a casi todo el mundo que el trabajo conjunto, la suma de esfuerzos, debería suponer mayor eficiencia y eficacia en el trabajo en España. Sin embargo, es habitual que las ONGD se acerquen a esas otras entidades, colectivos y movimientos de maneras que en nada favorecen el trabajo en red. Este acercamiento suele realizarse con una o varias de las siguientes:

Desconfianza sobre su legitimidad, capacidades, enfoques,…

Lentitud, fruto de unos sistemas de toma de decisiones poco adaptados a la realidad de un mundo que cambia rápidamente. Como consecuencia no se llega o se llega tarde y mal a iniciativas con grandes potenciales.

Supuesta superioridad intelectual, probablemente fruto de la profesionalización que comentaba más arriba.

“Mi libro por delante”: fijando en numerosas ocasiones los ámbitos geográficos y de especialización como líneas rojas. Esto dificulta la conexión con otros que trabajan en temáticas y lugares cercanos.

“Mi marca por delante”: se prioriza la posición del logotipo, el nombre y la marca frente al objetivo a conseguir. Otra barrera el trabajo en red.

Dobles raseros que dificultan el entendimiento de las posiciones de las ONGD y el establecimiento de relaciones de confianza con otras organizaciones y movimientos. Explico esto en otro post a raíz de algunos hechos relevantes de Cataluña de los últimos meses.

 

Todo ello, como decía al inicio de este post, hace que las ONGD, como sector, no estén a la cabeza de la construcción de ciudadanía. Las consecuencias son más que evidentes. Seguiremos analizándolas.

 
 
 

Terminé de escribir este post en Madrid el 8 de mayo de 2018

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